Historia de la Fiesta del Poncho

El año 1967 marcó el inicio de la Fiesta Nacional del Poncho, una iniciativa que al plasmarse generó para Catamarca su mayor credencial de identidad, generada ésta por una tradición textil artesanal que fue y sigue siendo reconocida entre propios y extraños como una de las más calificadas del mundo.

El poncho, prenda con siglos de usanza en sus diferentes variantes, logró a través de hábiles manos de teleras catamarqueñas convertirse en símbolo cultural para una provincia que lo enarbola cada mes de julio en un acontecimiento que cobija en su seno las mejores expresiones artesanales, artísticas y productivas de Catamarca.

Un decreto del Gobierno Provincial de 1967, por entonces en manos del general de brigada Ramón Guillermo Brizuela, que llevó el número 645, fue el que vino a conformar definitivamente múltiples aspiraciones de catamarqueños que, desde varios años atrás intuían certeramente que alrededor del poncho artesanal debía construir el sentido de identidad que serviría para que la provincia se muestre y convoque al país.

Un 5 de julio de 1967, en coincidencia con el aniversario de la Fundación de Catamarca, se dio inicio a la historia oficial de la Fiesta del Poncho, con la apertura de la fiesta que contó con la presencia de autoridades políticas, eclesiales y referentes culturales de la provincia. El festival folklórico comenzó esa misma noche con una propuesta dedicada al departamento Belén, considerado la cuna del poncho, con la interpretación del Himno Nacional Argentino, realizada por más de 50 guitarras dirigidas por el profesor Héctor del Valle Aparicio.

Así se instaló la fiesta que ahí nomás se hizo nacional y que al pasar de los años fue albergando expresiones de otros países para hacer internacional.

Hoy, la Fiesta Nacional del Poncho pertenece al círculo de las cuatro celebraciones populares más importantes de la Argentina, según la declaración que hiciera años atrás la Secretaría de Cultura de la Nación.

La denominada Manzana del Turismo, la primera sede, se convirtió en sitio clave para la exhibición de catamarqueñismo, y el poncho pasó de ser una prenda a ser sinónimo de la celebración popular, a una expresión de pertenencia.

Los años fueron pasando, y aunque los acontecimientos sociales y políticos que se sucedieron en la provincia y muchas veces conspiraron para que la Fiesta tuviera su dimensión merecida, el Poncho se fue agrandando y buscando espacios más contenedores como lo fueron el Polideportivo Capital o las instalaciones del ex Regimiento, hasta que se instaló definitivamente desde 2007 en la casa propia: el Predio Ferial Catamarca.